No estamos en "tregua"
es un artículo de Jabier salutregi Mentxaca, Director de EGIN, publicado en GARA el 3 de octubre de 1999.
Jabier Salutregi Mentxaka * Director de «Egin»
Definitivamente, la utilización abusiva de las palabras suele facilitar el camino hacia el error en los conceptos o, lo que es peor, nos guía en muchas ocasiones a adoptar falsos convencimientos que desvirtúan la realidad, cuando no nos llevan a pensar de forma equivocada o inadecuada y, lisa y llanamente, nos sitúan mentalmente en una irrealidad absoluta.
Desde el pasado martes muchos ciudadanos del Estado español, con el peso que pueden suponer ocho toneladas de explosivos, han vuelto a caer en la cuenta de que no llevamos un año de «tregua»
Desde el pasado martes ocho mil trescientos cincuenta kilogramos de dinamita (al margen de su recuperación por parte de la policía francesa, pues lo de más es la acción y su intencionalidad), han vuelto a resituar la cuestión donde estaba hace poco más de un año, cuando ETA anunció oficial y unilateralmente un «alto al fuego» de carácter indefinido en el tiempo.
Vaya por delante que de un «alto al fuego» a una «tregua» existe un gran trecho de carácter definido, pues si la primera se puede decidir por una sola de las partes, para otear el horizonte e invitar al de enfrente a dar pasos que borren las trincheras, las treguas son adoptadas con límite de fecha y de común acuerdo. Y este no es el caso.
La acción de Plevin, allá en la punta de Bretaña, descubre como una pura teoría voluntarista la tesis de quienes sostienen la «irreversibilidad» de la situación abierta tras el anuncio de Euskadi Ta Askatasuna. Quienes a todo trance han querido hacer ver que aquel anuncio era debido al «acoso» social y político, a que la organización armada se habría arrugado, deberían hoy palparse sus querencias y situarse en el centro de la realidad. El anuncio del alto al fuego, tras lo de Bretaña, recobra y resitúa su valor objetivo, diluido por la labor rastrera de los medias: su valor era y es que se haga el silencio de las armas al objeto de permitir que las palabras broten y se dejen oír. Aquella decisión, aquel anuncio, aparece así como la acción política de una organización armada que decididamente mantiene su vocación de lucha, que no piensa en un estudiado y sinuoso camino de disolución, pero que paralelamente muestra su voluntad de encarrilar, desde su perspectiva, el futuro de este país. Objetivamente, y hasta la fecha, es el paso más importante realizado de cara a facilitar un proceso de paz en Euskal Herria, el paso que todos los partidos políticos y ciudadanos de todos los colores reconocen como tal; en contrapartida, salvo la excepción de rigor, todos coinciden en señalar que, objetivamente, los gobiernos español y francés no han movido un dedo para lograr esa misma paz.
Es tremendo volver a descubrir que el meollo de la cuestión sigue ahí, quieto e inamovible. La sola intuición de que hubiera sido ETA quien desvalijara el polvorín bretón sirvió también para redescubrir por enésima vez el alma guerrera de los gobiernos español y francés, pues ambos ejecutivos han demostrado que reaccionan rápido y doloridos cuando pintan bastos, mientras que son insensibles, paran el tiempo y miran sonrientes al cielo a la hora del diálogo. París y Madrid aceptan como dogma político la razón de la fuerza y rechazan la fuerza de la razón. Y, lo que es aún peor, siguen instalados en la fuerza, en tanto que saben que sentarse a la mesa sería la demostración de su sinrazón.
No deja de ser patético que no se haya llegado a una «tregua» real, como no deja de serlo que Esteban Nieto muera sin haber recobrado apenas una brisa de su libertad. La falta de humanidad, la crueldad de intentar quebrar la voluntad política utilizando como un enorme escudo humano a los presos políticos vascos es convertir el dolor y el espanto en instrumento de guerra.
Es una auténtica tragedia volver a oler el pasado mediante el desalmado método de hacer pasar lentamente el tiempo sin que nada ocurra, sin hacer nada para que algo avance. Es doloroso comprobar cómo un ex lehendakari, sentado en la amargura de lo que dejó de ser, nos amenaza con un futuro PNV que hoy, lamentable y dolorosamente, ya recelamos, intuimos y barruntamos.
Es terrible que el Gobierno español tenga clavado su único pensamiento en dejar que quienes creen en la justicia de una Euskal Herria libre puedan cocerse en su jugo, haciendo caso omiso a las más de ocho mil doscientas cincuenta toneladas de razones que este pueblo posee. Están intentando romper la historia concediendo tiempo a la furia, intentando hacer emerger el enfado, levantar la ira y quebrantar la razón de un pueblo, para luego señalarlo como furibundo, enfadado, iracundo e irrazonable. Nos golpean el sentimiento para llevarnos a la protesta que les permita acusarnos de violentos.
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